Maria Fernanda Trujillo
¿En qué momento sentiste que debías ir más allá de tu carrera y seguir tu verdadero camino?
Siempre supe que la administración no era lo que me apasionaba. En pandemia empecé a practicar yoga, me conecté conmigo y descubrí el yoga facial. Comencé a estudiarlo y a integrar diferentes técnicas que hoy hacen parte de Zenova. Allí todo cobró sentido: entendí que una de mis fortalezas es saber escuchar, incluso lo que muchas personas callan a través de su rostro, de sus emociones y tensiones.
El yoga no solo transforma el cuerpo, también la vida… ¿qué cambió en ti?
Cambió la forma en la que me trato. Aprendí a pausar, a respirar y a ver la vida desde un lugar más presente
y agradecido. Hoy enfrento los retos con más calma.
El verdadero cambio no fue físico, fue interno: un proceso de sanación y conexión conmigo.
¿Cómo redefiniste el concepto de belleza?
Antes la veía como algo que debía corregirse desde afuera. Hoy la entiendo como el reflejo de cómo nos sentimos y nos tratamos. Es mirarte al espejo, reconocerte y aceptar
tu historia, con tus cicatrices, tu fuerza y tu camino.
¿Cómo aprendiste que la suavidad también es poder?
Entendí que no todo se sostiene desde la fuerza o el control. La suavidad también construye y transforma: está en la pausa, en cómo hablas, en cómo te mueves y en cómo eliges responder a la vida.
¿Qué has descubierto en las mujeres cuando empiezan a mirarse con amor?
Se transforman. Cambia su forma de verse, de cuidarse y de habitar su vida. Se empoderan desde un lugar más profundo.
¿Qué le dirías a una mujer que quiere cambiar su vida?
Que confíe en su intuición. No necesita tener todo claro, solo empezar. Elegirse también es un acto de amor.

