ELEGANCIA LLANERA, VOZ SIN MIEDO

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Lina María Garrido no necesita permiso para decir lo que piensa. Representante a la Cámara por Arauca, profesional en Relaciones Internacionales y Estudios Políticos, mujer llanera y símbolo de un liderazgo que incomoda al poder, pero inspira al pueblo. Desde su sombrero hasta su tono de voz, todo en ella comunica fuerza, arraigo y una verdad que no se negocia. Su discurso firme frente al presidente se volvió viral, pero su historia va mucho más allá del momento. En esta entrevista para la revista ERES VISIBLE, Lina nos habla de política, belleza, amenazas, sueños y el poder de no cambiarse para encajar.

Lina María Garrido

Tu estilo es muy firme y auténtico: el sombrero, las faldas, los pantalones bien puestos. ¿Qué significa para ti llevar esa imagen al Congreso y convertirla en una declaración de identidad y poder?

Lina Garrido no ve su estilo como una extensión de su identidad. Cada prenda, cada detalle, es un manifiesto de su origen y de sus valores. Llevar esa imagen al Congreso es una declaración que no se necesita cambiar para encajar. En un espacio tan formal y a veces elitista, quiero demostrar que la autenticidad es la mayor arma política. Es un mensaje directo al pueblo: «Soy una de ustedes, con los pies en la tierra, y represento la voz de quienes no se rinden». Mi estilo comunica el poder que tenemos como pueblo, un poder genuino y, por lo tanto, inquebrantable.

¿Qué representa el sombrero llanero para ti como mujer, como araucana y como figura política nacional?

El sombrero es un símbolo sagrado para mi. El sombrero llanero representa la dignidad, el trabajo duro y el arraigo. Como mujer, simboliza la fuerza, la resiliencia y la capacidad de luchar en un entorno predominantemente masculino. El sombrero es la bandera de mi liderazgo.

¿Has sentido que tu imagen ha incomodado ciertos espacios de poder acostumbrados a otras formas de presencia femenina?

Sin duda. Lina Garrido no se ajusta al molde de lo que muchos consideran una «política tradicional». Mi autenticidad incomoda porque expone la artificialidad de otros. Mientras algunos se esfuerzan para agradar o para parecer lo que no son, yo dejo que fluya lo que soy, una mujer que habla con la verdad, con fuerza y con sentido social. Esa incomodidad es una señal que mi mensaje está llegando, que mi presencia está rompiendo esquemas y desafiando el statu quo.

¿Alguna vez sufriste bullying o rechazo por tu forma de hablar, tu acento, tu ropa o por no encajar en los estándares tradicionales de “belleza capitalina”?

El rechazo ha sido una constante, pero lo he transformado en mi mayor fortaleza. El acento, la ropa, la forma directa de hablar, todo ha sido motivo de crítica de personas incapaces de respetar al colombiano del común que yo represento. Sin embargo, el país lo ve como una ventaja. Mientras unos pocos se ríen de mi acento, yo me enorgullezco de usar el acento llanero para representar la voz de millones de colombianos. Yo no busco encajar en los estándares de belleza, por supuesto que me gusta verme bien, pero mi mayor belleza está en mi carácter, en mi firmeza y en la autenticidad que inspiro a miles de mujeres.

¿Qué piensas de la moda como una herramienta de comunicación política para las mujeres?

Es una herramienta poderosa. Bien utilizada, puede comunicar sin necesidad de palabras. En la política, donde la imagen es crucial, la moda permite a las mujeres definir quiénes son y qué representan. Es una forma de decir: «Soy fuerte», «Soy valiente», «Soy auténtica». No se trata de seguir tendencias, sino de crear una identidad visual que refuerce el mensaje político. Es una oportunidad para demostrar que la fuerza y la feminidad no son opuestas.

¿Cómo habla la moda en ti? ¿Qué comunica tu forma de vestir antes de que abras la boca?

Comunica firmeza y arraigo. Antes de comenzar a hablar, mi estilo, mi ropa ya dejan claro que Soy una mujer de carácter, de valores claros, y mis raíces están en la autenticidad del pueblo, no en la superficialidad». Se puede ser un criollo de buen gusto, con un estilo que represente fidelidad a la esencia y coherencia, y sea el preámbulo para un discurso tan sólido como la presencia misma.

¿Crees que la feminidad ha sido subestimada en la política? ¿Cómo la resignificas tú desde tu liderazgo?

Definitivamente. La política ha sido dominada por un modelo masculino de poder, donde la feminidad ha sido vista como una debilidad. Como congresista lleva un mensaje de resignificar la feminidad mostrándola como algo poderoso. Siempre trato de demostrar que se puede ser firme sin ser agresiva, se puede ser sensible sin ser débil, y se puede liderar con empatía sin perder autoridad. Mi liderazgo es un ejemplo que la verdadera fortaleza reside en la autenticidad y en la capacidad de conectar con las emociones del pueblo.

Has sido tendencia nacional por hablar con contundencia al presidente. ¿Qué te impulsó a hacerlo sin filtros, y qué efecto crees que tuvo?

El amor por mi país y la frustración por ver cómo Gustavo Petro traicionó al pueblo. Mi discurso conecto con el sentir del país, fue un grito de protesta que estaba atragantado en millones de colombianos, una llamada a la coherencia y al respeto por la institucionalidad. El efecto que tuvo fue la inspiración. La valentía de ese día demostró que sí es posible oponerse con argumentos y dignidad, y que la verdad, por más incómoda que sea, siempre se impone.

¿Cuál ha sido el costo emocional y político de ser una mujer que no calla ni se acomoda?

El costo ha sido muy alto, sin duda. A nivel emocional, es agotador lidiar con grosería, amenazas y ataques en redes sociales por parte de las bodegas de Petro. Sin embargo, el pueblo que me respalda ha sido muy superior a aquellos ataques, son mi mayor fuente de energía. Mi propósito con es ser la voz de un pueblo que no se rinde, y lo estoy logrando.

¿Cómo se sostiene la dignidad y la coherencia cuando se está en medio de presiones, amenazas y traiciones?

La dignidad y la coherencia se sostienen anclándome en mis valores. Sé que mi única lealtad es con el pueblo que me eligió y que hoy se identifica con mis ideales, y eso es lo que me mantiene firme. Cuando las presiones son grandes, me aferro a mi verdad. Las amenazas duelen, por supuesto, pero me recuerdan quiénes son mis verdaderos aliados: las personas que confían en mí, millones de colombianos. Mi dignidad no se negocia, es la base de mi liderazgo.

¿Qué le dirías a una mujer joven que quiere entrar a la política, pero tiene miedo de ser juzgada por su imagen o su sensibilidad?

Le diría que sea ella misma. La política no necesita más copias, sino más mujeres auténticas. Que no le tema a su sensibilidad, porque es una fortaleza que le permitirá conectar con las necesidades reales de la gente. El miedo a ser juzgada es natural, pero la valentía para ser quien eres es lo que te hará una líder memorable. Que no cambie su esencia por un puesto. Que su imagen sea un reflejo de su carácter, no una máscara para encajar.

Si tu forma de vestir fuera un discurso, ¿qué frase estaría diciendo todos los días?

«Aquí estoy, con mis raíces firmes y mi voz clara. No me intimido, no me rindo y no me vendo».

Y si tu liderazgo fuera una bandera, ¿qué color tendría y a qué causa representaría?

Si mi liderazgo fuera una bandera, sería de color rojo. Representaría la valentía y la pasión por mi país, la fuerza de la sangre llanera y la lucha incansable por la justicia y la verdad. Sería una bandera de combate, que simboliza la firmeza de un pueblo que no se rinde. El alma de la mujer llanera y el futuro del país.

En algún momento mencionaste que te gustaría ser presidenta. Si ese sueño se cumple, ¿podemos esperar que, por primera vez, la cuota de mujeres en el poder supere el 50 % y no sea solo una cifra simbólica?

Si llego a la Presidencia, mi compromiso con la participación de la mujer no será una cuota, sino una convicción. Yo creo firmemente que el talento y el liderazgo no tienen género. Mi gabinete no solo superaría el 50 % de mujeres, sino que estaría lleno de líderes competentes, elegidas por su mérito y no por un número.

Si algún día llegaras a la Presidencia de la República, ¿cuál sería tu compromiso real con la participación de las mujeres en el poder? ¿Veríamos por fin un gabinete con más del 50 % de mujeres, no por cuota, sino por mérito y convicción?

Absolutamente. Como presidenta, mi gabinete estaría formado por líderes competentes, donde la capacidad y el mérito serían el único criterio. Si eso significa que el 70 % o incluso el 80 % son mujeres, que así sea. Mi compromiso es con el talento, la disciplina y la visión, cualidades que, como he demostrado, abundan en las mujeres colombianas. Yo no necesito una cuota para creer en el poder femenino, lo llevo en la sangre.

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