El otro rostro del desarrollo

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El otro rostro del desarrollo.

En la política muchas veces se reconoce lo que se puede registrar, como las carreteras, las viviendas, los centros educativos y las grandes obras. El cemento se ve, pero pocas veces se reconoce el trabajo social que ocurre silenciosamente dentro de las comunidades. 

Hay realidades que escapan a los lentes de las cámaras…

La pareja del político o la política, no se debería limitar a solo ser una estrategia en campaña. En mi caso, como mujer, somos acciones, disciplina, trabajo duro y una visión que conecta el hogar con la gente, y el puente entre el político y la comunidad. Somos más que una imagen, somos sensibilidad, somos la voz de las familias que luchan en silencio por un futuro digno. 

Cuando uno decide ser la esposa de un político, en mi caso, decide la vida pública, en otras palabras, trabajar por y para el bienestar y servicio de la comunidad.

Mientras las y los líderes se dedican a cumplir para lo que fueron elegidas y elegidos, sus parejas, llevan años construyendo algo igual de importante, como la confianza, el acompañamiento y el tejido social. Somos quienes escuchamos a las madres, abrazamos los sueños de los niños, acompañamos a adultos mayores, llegamos a los barrios, organizamos ayudas, y entendemos las necesidades humanas que no aparecen en los informes oficiales.

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Ese trabajo rara vez recibe aplausos. No tiene inauguraciones ni cintas para cortar. Pero transforma vidas todos los días.

La política necesita comprender que gobernar no es solamente levantar obras. También es sostener emocionalmente a las comunidades, crear oportunidades y humanizar el servicio público.

Una carretera puede conectar municipios, pero el trabajo social conecta personas.

Y aunque muchas veces nuestro esfuerzo no sea visible para todos, permanece dejando huellas reales en lugares donde otros únicamente logran ver cemento.

Por: Beatriz Rocha Castro

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