¿Qué raíces culturales llevas contigo cada vez que te vistes para cantar?
Cada vez que me visto para subir al escenario, me conecto con mis raíces. Con los colores, las formas, los sonidos de mi tierra. Mi imagen no es un disfraz, es una forma de rendirle homenaje a lo que soy, a la mujer que ha crecido entre costumbres, ritmos y paisajes que me han marcado el alma. Me visto con historia y con identidad. Me gusta sentirme bonita, pero sobre todo me gusta sentirme auténtica. Y eso lo llevo también en cada prenda que elijo.
¿En qué momento sentiste que cantar era también sanar?
Durante mucho tiempo me enseñaron a callar, a quedarme donde no era feliz, a darlo todo por otros olvidándome de mí. Pero un día entendí que callar me estaba apagando el alma. Entonces tomé la decisión de abrazar mi historia, ponerles voz a mis heridas y convertir cada caída en melodía. Desde ahí, mi dolor se volvió fuerza y mi verdad, una canción. Cantar me salvó. Sanar se convirtió en música. Y en el proceso también aprendí que mi voz no solo es para los demás, sino también para recordarme quién soy.
¿Cómo se han convertido la moda y la belleza en una forma de honrar tu identidad?
Hoy me visto con moda, pero con algo aún más poderoso, me visto con la certeza de ser fiel a mí misma. La moda para mí no es superficialidad, es una extensión de mi voz. Es una forma de decir quién soy sin hablar. Solté lo que fui, para sostener con orgullo lo que soy ahora. Me gusta sentirme bonita, pero sobre todo me gusta sentirme auténtica. La verdadera belleza nace cuando te reconoces, te abrazas y te muestras con verdad.
