“Hazlo con miedo, pero hazlo: tu voz también merece ser vista y tú reconocerte. Lo que te da miedo mostrar… probablemente es lo que más puede transformar. Atrévete!”
Familia y esencia.
Claudia, ¿cómo logras equilibrar tu rol como mujer, mamá y figura pública sin perder tu esencia y tus valores en el camino?
Creo que el equilibrio perfecto no existe, pero sí existe la conciencia. Para mí ha sido un ejercicio constante de volver a lo esencial: quién soy, qué me importa y desde dónde quiero vivir.
Ser mamá, mujer y figura pública no son roles separados, son partes de la misma persona. Y cuando dejo de intentar cumplir expectativas externas y me escucho de verdad, todo se ordena un poco más.
Mi esencia se cuida en lo cotidiano: en mis decisiones, en mis pausas, en saber cuándo decir sí y cuándo decir no. Ahí es donde realmente me encuentro.
Trabajo con propósito
Tu carrera ha evolucionado hacia causas con impacto, ¿en qué momento entendiste que tu trabajo debía estar conectado con un propósito mayor?
Fue un proceso más que un momento puntual. Pero hubo un punto en el que entendí que el éxito sin sentido se queda corto. Cuando empiezas a ver el impacto que puedes tener más allá de ti, algo cambia para siempre. Ya no se trata solo de hacer bien tu trabajo, sino de preguntarte para qué lo haces.
Y ahí fue donde todo empezó a alinearse: cuando entendí que mi voz, mi trabajo y mis decisiones podían ser una herramienta para generar conciencia y transformación.
Vida personal y coherencia
En medio de tantas responsabilidades, ¿qué hábitos o decisiones te ayudan a mantener coherencia entre lo que piensas, dices y haces?
La coherencia es un camino, no un estado permanente. Y para sostenerla, he aprendido a simplificar.
Me hago preguntas todo el tiempo: ¿esto que estoy haciendo refleja lo que creo? ¿esto suma o resta a la vida que quiero construir? También he entendido la importancia de rodearme de personas que me aterrizan, que me dicen la verdad, que me ayudan a volver cuando me alejo.
Y algo clave: darme permiso de no hacerlo perfecto. La coherencia también se construye desde la honestidad.
Mujer y proyecto social en el mundo
¿Cómo ves hoy el papel de la mujer en los proyectos sociales a nivel global, y qué impacto crees que tiene su liderazgo en las causas que buscan el bien común?
Hoy las mujeres están liderando transformaciones profundas, muchas veces desde lugares silenciosos pero muy poderosos.
Tenemos una capacidad única de tejer, de conectar, de cuidar sin perder la visión. Y eso, en proyectos sociales, es fundamental.
Creo que el liderazgo femenino está cambiando la forma en la que entendemos el impacto: ya no es solo crecimiento, es sostenibilidad, comunidad, empatía. Y eso no es menor… eso es el futuro.
Mensaje desde la experiencia
¿Qué le dirías a las mujeres que trabajan en silencio —desde sus hogares, comunidades o territorios— y que aún no se sienten visibles, pero están transformando realidades?
Les diría que lo que hacen sí importa. Aunque no siempre sea visible, aunque no siempre sea reconocido.
Transformar realidades no siempre se ve en grande, muchas veces vive en lo cotidiano, en lo invisible, en lo constante.
El mundo necesita más de eso. Más mujeres que sostienen, que construyen, que cuidan.
Y también les diría que se permitan verse a sí mismas, reconocerse, darse valor. Porque lo que hacen… ya está cambiando todo.
Claudia, en un mundo que muchas veces confunde la sensibilidad con debilidad, ¿Cómo ser una mujer femenina sin dejar de ser fuerte, firme y valiente? ¿Qué significa para ti ser femenina, pero no débil?
Ser femenina, para mí, no tiene nada que ver con fragilidad. Tiene que ver con conexión, con intuición, con sensibilidad… y eso, lejos de ser una debilidad, es una forma muy profunda de fuerza.
Durante mucho tiempo nos hicieron creer que para ser fuertes había que endurecerse, pero hoy entiendo que mi fuerza también está en sentir, en ser empática, en sostener sin dejar de ser firme. Ser femenina es poder ser muchas cosas al mismo tiempo: suave y contundente, amorosa y clara, sensible y valiente.
No es elegir entre una cosa u otra… es integrar. Y ahí, en esa integración, hay una fuerza que no se rompe.

